OBESIDAD
Se trata de una de las enfermedades más frecuentes en los países industrializados, caracterizada por el exceso de peso, y que se asocia con una importante repercusión sobre la salud incluida la muerte.
Se estima que en los países más desarrollados la padece del 15 al 30% de la población adulta siendo más frecuente en las mujeres, con un pico que se sitúa entre los 40 y 50 años. Actualmente asistimos a un incremento de su frecuencia en niños y adolescentes.
¿Cuáles son los principales riesgos sobre la salud?
El riesgo para la salud es indiscutible, destacando como complicaciones las siguientes:
Mortalidad: El riesgo de muerte brusca no esperada es de 2 a 3 veces superior en los obesos. Dicha mortalidad es especialmente elevada cuando se asocia a tabaquismo, hipertensión arterial, diabetes y exceso de colesterol en sangre. Esta elevada mortalidad parece reducirse a índices normales cuando se produce la corrección del exceso de peso, independientemente de los años que se haya permanecido obeso.
Enfermedad cardiovascular e hipertensión arterial: Las personas obesas tienen una mayor frecuencia de enfermedad cardiovascular (ejemplo: hemorragia cerebral) y la coexistencia de hipertensión arterial es de 8 a 10 veces más frecuente.
Diabetes: La presencia de diabetes es de 2 a 3 veces más frecuente, debido a que la obesidad produce una resistencia a la entrada de azúcares en las células.
Cáncer: Se ha demostrado una relación directa entre obesidad y determinados tipos de cáncer. Así, en los varones obesos sería más frecuente el cáncer de próstata e intestino grueso, mientras que en las mujeres aumenta el riesgo de cáncer de cuello uterino y mama.
Otras complicaciones: La obesidad favorece la tendencia a padecer gota y artrosis; ocasiona una disminución de las hormonas masculinas, infertilidad e irregularidades menstruales en las mujeres, aumenta las complicaciones postquirúrgicas, sobre todo infecciones, y favorece la aparición de varices.
¿Qué factores influyen en su aparición?
Se trata de una enfermedad multicausal en la que intervienen:
La ingesta calórica: El origen del trastorno parece residir en una ingesta excesiva y mantenida de calorías por alteración de una zona específica cerebral que regularía la sensación de hambre y saciedad. Según otros autores, ello no sería siempre cierto influyendo además otros aspectos relacionados con la forma de comer, horarios, preparación y sabor de los alimentos, etc.
Gasto energético: Normalmente se produce un consumo diario de energía proveniente de los alimentos (del 15 al 20%) para el mantenimiento de la temperatura corporal, la digestión y otras funciones del organismo. Parece ser que ese consumo disminuye en los obesos.
Actividad física: Se ha demostrado que las personas obesas realizan menos ejercicio físico a lo largo del día: utilizan más los ascensores y sus movimientos son más lentos. Sin embargo, es difícil precisar si ello es causa o consecuencia de la obesidad.
Factor hereditario: Algunos datos apoyan el origen genético de la obesidad. Así, existe una buena correlación entre el peso de los padres y los hijos, de tal forma que sólo el 10% de los hijos será obeso si los padres no lo son (en caso de obesidad este porcentaje asciende hasta al 80%). Sin embargo, algunos autores consideran que dicha predisposición familiar no sería heredada sino consecuencia de un patrón de alimentación adquirido desde la niñez.
Factores socioeconómicos y culturales: Existe una estrecha relación entre obesidad y bajo nivel educativo. También se ha señalado una mayor frecuencia en mujeres y niños de bajo nivel socioeconómico. El nivel socioeconómico sería más importante que el cultural y, a igual educación, la obesidad disminuye cuando aumenta el nivel adquisitivo. En algunos países como EEUU, la cultura de la "alimentación basura" como las hamburguesas juega un importantísimo papel, hasta tal punto que la obesidad afecta a más del 30% de la población.
Factores psicológicos: Se considera que el obeso utiliza la comida como un mecanismo de defensa frente a la ansiedad y que encuentra en ella una compensación a las frustraciones de la vida diaria.
¿Qué puedo hacer para reducir el sobrepeso y la obesidad?
· No comprar alimentos de alto contenido calórico, como las bebidas alcohólicas.
· Evitar las bebidas con cafeína porque estimulan el apetito.
· No utilizar alimentos dietéticos.
· Evitar comer mientras se realiza otra actividad (como leer o ver la televisión).
· Comer despacio, saboreando los alimentos y masticándolos bien.
· Realizar las comidas en horarios fijos, dejando los cubiertos sobre la mesa después de cada bocado.
· Tener a mano alimentos pobres en calorías para los momentos en que no se resista el hambre
· Hacer que las raciones parezcan más grandes (usando platos pequeños y extendiendo la comida).
· Al acabar de comer, levantarse y realizar alguna actividad.
· Anotar diariamente el peso, lo que se ha ingerido y el ejercicio realizado. Leerlo cada semana.
· Salir de casa a las horas en que acostumbra a comer innecesariamente.
· Realizar ejercicio físico de forma regular, a ser posible diariamente: los más recomendables son caminar, nadar y montar en bicicleta. El ejercicio físico mejora los trastornos circulatorios, disminuye la tensión arterial y produce una sensación de relajación y bienestar además de limitar la pérdida de masa muscular.
ÚLTIMOS AVANCES EN EL TRATAMIENTO DE LA OBESIDAD
En los últimos 5 años, las distintas líneas de investigación abiertas sobre la obesidad han ido produciendo noticias favorables sobre el tratamiento del exceso de peso. El resultado de muchos años de investigación se ha visto recompensado con la aparición de dos fármacos para tratar la obesidad: orlistat (Xenical®) y sibutramina (Reductil®). La sibutramina es un fármaco que produce una disminución del apetito. Por otro lado, el orlistat es un inhibidor de la lipasa intestinal e impide que el 30% de las grasas de la dieta se absorban. Lo novedoso de éste último es el mecanismo de actuación, ya que por primera vez se dispone de un fármaco con un efecto distinto a los actuales, que no actúa sobre el sistema nervioso central sino que lo hace de forma local, impidiendo parcialmente la absorción intestinal de grasas.
En fases anteriores se encuentran distintas líneas de investigación. Entre ellas destaca la diseñada y desarrollada en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona. La sustancia con la que investigan es el oleato de estrona. Esta molécula se produce en la célula grasa y parece actuar sobre el hipotálamo, disminuyendo el apetito y manteniendo la termogénesis. El oleato de estrona provoca en la rata una disminución del apetito y del peso corporal a expensas, sobre todo, del tejido adiposo. Todos los datos obtenidos hasta el momento han sido experimentados en ratas.
La leptina es una hormona que se sintetiza exclusivamente en las células grasas. Se sabe que el receptor se encuentra en el hipotálamo y que en personas obesas sus valores están aumentados. Los estudios realizados sobre algunas cepas de ratones han sido muy esperanzadores, pero por el momento no se ha confirmado en seres humanos.
Las proteínas desacopladoras (UCP) han abierto una nueva perspectiva en la ciencia de la obesidad y, en concreto, en la transformación de los nutrientes en calor (termogénesis). La primera en ser descrita ha sido la UCP, que sólo se encuentra en el tejido adiposo marrón, y que se sabe que desempeña un papel importante en el balance energético de los roedores.
Posteriormente se ha identificado la UCP-2 que, a diferencia de la UCP, se ha localizado, además de en el tejido adiposo marrón, en el tejido adiposo blanco, músculo esquelético, riñón, corazón y otros órganos. La UCP-3 se expresa básicamente en el tejido muscular. Los estudios realizados hasta ahora se dirigen a responsabilizar a las UCP como reguladoras de la formación de calor (termogénesis). Si en estudios posteriores esta hipótesis se confirma en seres humanos podríamos afirmar que estas proteínas son las responsables de "quemar" las calorías que nos sobran.
Otra sustancia relacionada con la obesidad y la genética es el neuropéptido Y (NPY) que es un potente estimulador de la ingesta y que puede provocar obesidad
sábado, 24 de octubre de 2009
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